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sábado, 6 de marzo de 2010


Día Internacional de la Mujer -La FATIDA emitió un comunicado-


DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER


RECONOCIMIENTO A LA LUCHA DE LAS TRABAJADORAS POR LA
DIGNIDAD Y LOS DERECHOS


Un nuevo ocho de marzo nos encuentra reafirmando el profundo significado de una fecha que nos remite directamente a uno de los hechos más importantes acontecidos por la irrupción de las mujeres en la lucha social y desde sus múltiples roles como trabajadoras y madres.

Este día, muchas veces es funcional a intereses comerciales u oportunistas, cuyo objetivo es precisamente el invisibilizar el protagonismo de las mujeres en los avances sociales. Pero eso no conspira contra la verdadera reivindicación que debemos hacer de este acontecimiento, iluminado por la entrega de la vida de las más de ciento veinte obreras textiles, que murieron quemadas por un patrón que no soportó la huelga de las que reclamaban diez horas diarias de trabajo, poder amamantar a sus hijos, que se termine el trabajo infantil y fundamentalmente ser tratadas como seres humanos, entre otras reivindicaciones.

La lucha de las mujeres ha logrado que hoy no haya lugar donde no estén cumpliendo alguna tarea, pero ello no quiere decir que imperen condiciones de igualdad. Las discriminaciones y los intentos de regresión que pretenden recluir a las mujeres a un rol pasivo en la sociedad, están a la orden del día.

La discriminación laboral y en el pago de las remuneraciones, la doble explotación en el trabajo y el hogar, las persecuciones, el maltrato y la violencia familiar, la trata de personas, la afectación del derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios intereses y su capacidad, la utilización mediática y de la imagen y del cuerpo femeninos ubicados como objetos y el lenguaje sexista, no agotan la larga lista de situaciones que es necesario revertir para encaminarnos hacia una sociedad más solidaria y humana.

Por esto, son necesarias políticas públicas que ataquen verdaderamente estas situaciones y fundamentalmente, la toma de conciencia sobre la necesidad de aspirar a las transformaciones que establezcan las responsabilidades sociales sobre los roles.

Hoy, en nuestra Argentina, una mujer ocupa la Presidencia de la Nación. No es poco y sin embargo, y a pesar de la tarea realizada a favor de la inclusión social –que mucho atañe a las mujeres- debemos con dolor reconocer que ningún otro presidente ha sido tan atacado por una oposición que la ha emprendido contra ella de todas las formas posibles. Claro está que es porque son la voz de los medios de comunicación monopólicos que defienden los intereses de los grupos económicos concentrados que obviamente esperan que no haya nunca ningún cambio, y sigamos con el modelo que empezó en la dictadura y concluyó en diciembre del 2001.
Pero en medio de los ataques y los intentos de destitución, aparecen con claridad aquellas expresiones que denotan la culpa en su condición de MUJER.

Por ello, las mujeres deben tomar conciencia y estar alertas. Las quieren llevar para atrás, porque los avances de las mujeres también significan que la sociedad avanza hacia un mundo mejor, con igualdad y justicia.

FEDERACION ARGENTINA DE TRABAJADORES DE LA IMPRENTA, DIARIOS Y AFINES


8 de marzo de 2010

martes, 2 de marzo de 2010

"Es una presidenta difícil"

Carta abierta leída por Orlando Barone
el 2 de marzo en Radio del Plata.
Es una presidenta difícil.
Sí. Todavía más que lo que la oposición presumía. Cuando se la presiente arrinconada por los mastines ladradores ella, sin perder la elegancia Vuitton, los detiene.
Es como la encantadora de perros. La inteligencia es difícil. Y puesta a desarrollar ideas en un discurso desafía al refutador a plantear argumentos de igual coeficiente. Y lo que natura no da, la negación no presta.
Le pasa al periodismo reinante: la honestidad que no se tiene nunca encuentra las noticias honestas. ¡Qué sensación de desigualdad argumental entre la presidenta y los que aspiran a reemplazarla!. Y no digo nada de Cobos. Ya que estuvo impecable en ese papel de nadie que le sienta: de nadie en cuyo rostro se notó la búsqueda de nada para no delatar su impostura.
El recurso de la presidenta de comparar la Argentina real de la virtual dejó al desnudo la realidad de la virtualidad negadora. Al país del cuento mediático en comparación con el del recuento de obras y de acciones.
Es tan demoledor el efecto que causa, exhibir aquella Argentina derrumbada de esta Argentina en construcción, que para no reconocerlo hay que vendarse los ojos, taparse los oídos, apelar a la mentira o sentir nostalgia de esas Fuerzas Armadas que se auto humillaron y que recién hoy van recuperando el orgullo. O reconocerse confesándose a si mismos que no importa cuanto haga el Gobierno: a la oposición opositora oponente no le gusta porque no le gusta.
Responder al discurso, antes que nada con honra, exige la honra de los críticos. O un despojamiento si ya no patriótico, al menos de entendimiento político. Y no el amasijo cualunquista. Pero apenas saltaron de sus bancas a comentar el discurso reincidieron en tratar de disminuirlo. No habló del Indec. Mirá vos. Tampoco de cómo aumenta el bife de costilla. No. Pero si habló de cosas de tamaño Estado: habló del mayor crecimiento económico en doscientos años de historia argentina. Habló de superávits inéditos. De la creación de millones de puestos de trabajo, de nuevos millones de jubilados que estaban fuera del sistema, de millones de megavatios que impidieron el apagón que se auguraba deseándolo. Habló de la disminución de la mortalidad infantil. De la dignidad de la Argentina científica. ¿Si? Pero no habló de los 2 millones de dólares que compró el marido para el hotel. Ni de la valija de Antonini. Ni de la declaración jurada. Así no vale. Cualquiera se luce hablando de que nunca como hoy hubo tanto presupuesto educativo, tanta distribución de planes para hijos y familias, tanta inserción internacional y tanta adhesión latinoamericana. Eso sí, no habló de represión: porque no hay. Ni habló de ajuste; porque al contrario, hay aumentos salariales y sostenimiento del empleo. Habló de los nietos e hijos de desaparecidos. ¿Y qué? Ya se sabe. No hay que andar enrostrándolo como si no se supiera. Bueno, algunos sufren de amnesia y de amnistía.
¡Qué discurso a capella! No traten de imaginarse a candidatos como Reutemann, Macri, Duhalde, Menem , De Narváez empeñados en emularla. Sería inútil. Únicamente si hacen mímica, y detrás de ellos ponen algún compact con la voz de Kovadloff o la de Aguinis. Acaso la única capaz de juzgarla como oradora es Elisa Carrió sino le pesaran los rosarios. O el odio.
La presidenta tampoco habló de la Iglesia opositora. Una omisión atea. Si quiere ser la presidenta de todos tendría que haber citado a Duhalde cuando dijo: “Queremos un país para los que quieren a Videla y para los que no lo quieren”. Pero ella no puede con su naturaleza.
Es una presidenta difícil. Pregúntenle a Magnetto. Y respecto al uso de las reservas para el Fondo del Bicentenario viendo la reacción del auditorio contra, debió pensar en lo que dijo Maradona. Pero ella no lo dijo.

sábado, 27 de febrero de 2010

Extraido del libro de Eva Perón, "Mi Mensaje"

LOS AMBICIOSOS

Enemigos del pueblo son también los ambiciosos.
Muchas veces los he visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con ellos, que proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses personales.
Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos.
La hora de los pueblos no llegará con ningún caudillo porque los caudillos mueren y los pueblos son eternos. Por eso es grande Perón, porque no tiene otra ambición que la felicidad de su pueblo y la grandeza de su Patria.
Y porque ha creado una doctrina -una doctrina es un ideal- para que su pueblo siga su doctrina y no su nombre. Yo pienso, en cambio, que los pueblos cuando encuentran un hombre digno de ellos, no siguen su doctrina, sino su nombre. Porque en el hombre y en el nombre ven encarnarse a la doctrina misma y no pueden concebir la doctrina sin su creador.
Por eso yo no puedo concebir al justicialismo sin Perón, y por eso he declarado tantas veces que yo soy peronista, no justicialista. Porque el justicialismo es la doctrina, en cambio el peronismo es Perón y la doctrina. ¡La realidad viva que nos hizo y que nos hace felices!
Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de la vida y las haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente.
Hay que identificarlos y hay que destruirlos. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajen para el pueblo, no para ellos. En esto se distinguen los ambiciosos: en que trabajan para ellos, nada más que para ellos. Nunca buscan la felicidad del pueblo, siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto. El dinero, el poder y los honores son las tres grandes "causas", los tres "ideales" de todos los ambiciosos. No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas o las tres al mismo tiempo.
Los pueblos deben cuidar a los hombres que elige para regir sus destinos. Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores. La sed de riquezas es fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de todos.
Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho. Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor. El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos. Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo. Esta es la única manera de identificarlos. El pueblo tiene que conocerlos y destruirlos. Solamente así, los pueblos serán libres.
Porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano. ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

"Afiches Peronistas"

viernes, 19 de febrero de 2010

El poder de la amistad y el amor!

miércoles, 17 de febrero de 2010

LOS ARGENTINOS SIN NOMBRE


Un artículo del Dr. Jorge Rachid

El título sin dudas puede llamar a confusión si lo enfocamos desde la lógica de todos los días. Todos tenemos nombres y apellidos que nos identifican, excepto cuando esos nombres y apellidos son trabajadores y sufren algún infortunio laboral, llamado eufemísticamente “accidente”, ya que la prensa mediática –cuando los refleja– sólo los nombra por el genérico “operarios” u “obreros”.

Así cuando tenemos la oportunidad –por cierto escasa– de encontrar que algún llamado “accidente” causó muerte y lesiones, los medios nos dirán tantos muertos y tantos lesionados denominados trabajadores. Sin embargo pese a que tres trabajadores mueren por día en nuestro país por los llamados “accidentes” de trabajo la crónica diaria sólo los registran esporádicamente, como forma de discriminación activa de la información.

Alguien estará pensando que es una exageración lo planteado, pero si se observa el centimil (cantidad o porcentaje por cada mil) ocupado por muertes de accidentes de tránsito o de otro tipo ocurridos en la vía pública, tomaremos conciencia que a los trabajadores y sus infortunios por siniestros laborales, no se los tiene en cuenta, en el convencimiento como un mal sabido y aceptado, que el trabajo siempre es riesgoso.

No es así ni debe ser así, ya que las medidas de higiene y seguridad y la ley vigente implican que los accidentes no son tales. Se deben a falta de inversión, capacitación y de control por parte de las empresas y de las ART surgidas de ese mamarracho jurídico llamado ley 24.557, que creó la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, que debería ocuparse de defender la vida de los trabajadores, pero se ocupa en especial de sacarle responsabilidad a las aseguradoras, asegurando ganancias, antes que de protegerlos.

¿Quién se enteró en el país, del chico de 21 años muerto en Chivilcoy, enviado a trabajar sin experiencia en un turno noche de un molino, solo en la molienda que atrapó la manga de su abrigo en el movimiento circular, que no pudo zafar terminando ahorcado con su propia prenda? “Accidente”, dijo la empresa y la ART, pero la máquina tenía un remache que debía ser ciego es decir sin sobresalir, ajustado con un bulón que no debía existir pero estaba ahí, que finalmente enganchó la manga. La parada de emergencia de la máquina estaba en otro piso cuando debe estar al alcance de la mano, el operario estaba solo sabiendo cualquier neofito en la materia que en máquinas en movimiento siempre se trabaja acompañado y todavía sin embargo hablamos de “accidente” cuando existe la irresponsabilidad de las personas a cargo de cuidarnos que saben como se debe realizar una tarea: ingenieros de planta y técnicos en higiene de la ART. En el mejor de los casos es este un caso de homicidio culposo. No salió en ningún medio escrito, oral o televisivo, ni el evento, ni el nombre del chico ni la empresa que trabajaba ni al ART responsable.

Tampoco fue publicado el “accidente” de un aprendiz en una imprenta en Bahía Blanca, que al intentar destrabar una prensa fue tomado por ella aplastándole el cráneo. La máquina no tenía dispositivos de seguridad de parada automática, estaba en posición baja, mal ubicada, el chico no tenía información suficiente, estaba realizando tareas solo –lo que implica trabajo, no aprendizaje– y nadie cercano pudo ayudarlo. Tampoco es “accidente”: es homicidio.

En otros países del llamado “primer mundo” con los cuales nos quieren comparar en otras cuestiones, estos episodios se castigan con cárcel a los responsables de las empresas. En nuestro país los trabajadores todavía no cotizan en las pizarras de la Justicia. La ley 24.557 fue declarada inconstitucional por juzgados de primera, segunda instancia y la Corte Suprema. Sin embargo sigue vigente y las aseguradoras ART rechazando los siniestros por enfermedad “inculpable” la mayoría de los eventos laborales, pese a la obligación que tienen de realizar exámenes periódicos justamente para constatar enfermedades y evitar males mayores a los trabajadores. Al rechazar las patologías el trabajador debe atenderse por su cuenta, aumentando los gastos de la seguridad social, tanto en obras sociales como en el hospital público, mientras las ART siguen generando ganancias financieras originadas en la NO atención del siniestro.

Las ART siguen cobrando y los trabajadores siguen pagando su propia atención con impuestos y recursos de ahorro interno para la salud. Los empleadores, pese a pagar un porcentaje a las ART sobre la masa salarial para estar asegurados, deben tolerar el rechazo de las mismas que los obliga a pagar sueldos y jornales al trabajador accidentado y si éste tiene alguna incapacidad debe recurrir a la vía judicial para ser indemnizado. Una verdadera “pinturita” del saqueo financiero en el ámbito laboral.

Como decía una vieja serie televisiva de los años setenta, hay miles y miles de historias como éstas en la ciudad desnuda. Piensen solamente en los 750 mil “accidentes” denunciados sólo de trabajadores en blanco en el año 2007( después de ese año la SRT no publicó ninguna). Piensen en un Cromañón cada dos meses. Piensen cuándo se enteraron por última vez de un mal llamado “accidente” y observarán la complicidad de los medios de comunicación con sus anunciantes de las diferentes cámaras empresariales.

Los médicos nos negamos a llamar “accidentes” a la falta de capacitación, prevención, información, inversión en higiene y seguridad que cada día le cuesta a los trabajadores lesionados perder parte de su único capital, aquel que les posibilita desarrollarse y alimentar a su familia; el único capital que les permite establecer contratos laborales dignos y remuneraciones acordes que no es otro que su propia salud.

No tiene otro capital el trabajador ni otra chance de vida que no sea ejercer su actividad en plenitud, por lo tanto no existe ningún “derecho que” permita que se los rompa, que se los lastime, que se los dañe ni que se los lesione o los maten, en función de necesidades productivas o excusas financieras ante la falta de inversión.

Los esclavos eran cuidados porque costaban dinero a quien los compraba; ahora a los trabajadores –en vez de cuidarlos– se los descarta porque sus reemplazos son baratos. Seguramente las próximas luchas gremiales –además de salariales– serán por las condiciones de trabajo, tanto personales como ambientales; sin aseguradoras de por medio porque traducen en dinero la necesidad de la salud y sólo a veces tratan las consecuencias de lo producido por su falta de involucramiento pese a que la ley lo ordena, reflejándose ello también sobre las empresas “aseguradas” que seguirán, pese a estar aseguradas, siendo responsables últimas de cualquier evento dramático sobre los trabajadores.

Seguramente en algún día no muy lejano, los trabajadores volverán a cantar cuando trabajen, porque ese día habremos recuperado la cultura del trabajo junto a la dignidad del trabajador.