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sábado, 11 de febrero de 2012

Adiós a la sensatez en medicina

*Por Mónica Müller (Dra. en medicina)



Este artículo un poco largo, merecería salir en otros diarios y comentarios de fin de semana, pero como dice la médica articulista, no ha visto nada en los medios, que bien podría ser para compensar tanta estupidez y mediocridad conque castigan a los lectores. Luego se quejan porque bajan los tirajes !!....Esa es una de las causas.
Vaya entonces nuestro aporte y homenaje, a la honestidad intelectual.

La bandera nacional debería estar a media asta en todos los hospitales y ministerios de Salud del país. Hemos perdido al último de los grandes médicos argentinos.
El fallecimiento del doctor Alberto Agrest no mereció espacio en los medios donde aparecieron centenares de entrevistas y notas obscenas, sobre los detalles mórbidos de la muerte de una modelo.
El lo hubiera comentado divertido con una frase cortita y agridulce. Decía que había llegado a un escepticismo total sobre la capacidad de los humanos para reconocer y desandar el camino del error. Después de luchar durante toda su vida profesional para enderezar el rumbo de desastre que sigue la medicina desde hace décadas, declaraba que la complejidad del sistema hace muy improbable que un día se lleguen a desmontar los desatinos que tienen maniatados a médicos y pacientes. “La dificultad radica en que al complejo médico-industrial se le hace imprescindible un aumento en el consumo de sus productos, sean o no necesarios, mientras que el consumo innecesario deteriora los recursos de la red de salud y provoca conflictos entre pacientes, médicos y empresarios”, reflexionaba en su último libro, "En busca de la sensatez en medicina".
Lo decía y lo escribía con una firmeza que debe haber caído en el mundo de los negocios, como una mosca en un vaso de leche.
Agrest se obstinaba en que la práctica médica volviera a la sobriedad. En colisión con el precepto presuntamente científico y moderno de pesquisar, anular y prevenir cada síntoma, defendía la racionalidad de reducir los estudios, las prescripciones, los tratamientos y los medicamentos a un mínimo indispensable. Su independencia de cualquier interés económico le permitió decir que “prevenir es mejor que curar en la mayoría de las enfermedades infecciosas, pero debe tenerse en cuenta la gravedad de la enfermedad que se pretende prevenir y los riesgos de los recursos preventivos, como las vacunas o el uso de profilaxis antibiótica”, frase que a un médico de planta le costaría la reputación en el mejor de los casos y seguramente su empleo en el hospital.
Sobre el abuso de análisis y tratamientos que encarece a la medicina y en consecuencia pone sus recursos al alcance de muy pocos, explicó en un editorial que “se venden mejor beneficios que riesgos, y así estamos vendiendo beneficios con grandes y atractivos caracteres y ocultando riesgos en letra chica que nadie lee. No me parece mal que la medicina se venda, el problema es saber si lo que se vende es legítimo. Legítimo es que el conocimiento en que se basa sea verdadero y útil para quien lo compra. Legítimo es que sea necesario y no superfluo, y si es verdadero, útil y necesario, el principio de equidad exige que esté al alcance de todos”.
Su pensamiento científico se encrespaba frente a la pretensión de eficacia y exactitud de las disciplinas médicas que se basan en la estadística: “Es probable que hoy las verdades cuantitativas estén ocultando falsedades cualitativas. La dificultad con los números es que generan una sensación de certeza; la realidad médica no admite esa certeza y debe aprenderse a tolerar la incertidumbre. En medicina, la certeza es un certificado de ignorancia o insensatez”, publicó en un editorial de la revista Medicina en 2011.
“La manipulación estadística permite no mentir en las conclusiones estadísticas, pero también permite no decir la verdad de su irrelevancia y también ocultar que las estadísticas carecen de sentido cuando se aplican a un individuo único. Las estadísticas se desarrollan burocráticamente en un escritorio; en medicina, la realidad se desarrolla en el contacto del médico con su paciente y esto es creativo, no burocrático.”
“Beneficios estadísticos ocultan daños cualitativos orgánicos, psicológicos, sociales y económicos en los pacientes”, se atrevía a expresar en público. Y en privado comentaba: “Bueno, tengo 88 años y a esta edad se nos perdona todo”.
Hoy, el vacío de información sobre su muerte, me hace pensar que ese perdón era sólo aparente.
El doctor Agrest era doctor en Medicina por la UBA y completó su formación en la Universidad de Michigan, en el Hospital Universitario de Ann Arbor y en el Hospital Claude Bernard de París. En Buenos Aires se desempeñó en el Hospital de Clínicas y en el Instituto Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson. Fue docente en la UBA y durante veintidós años en el Instituto de Investigaciones Médicas bajo la dirección del doctor Alfredo Lanari. Desde 1995 fue miembro titular de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. Publicó varios libros con sus reflexiones y propuestas para volver a humanizar la práctica médica y mejorar la salud pública.
A pesar de su inmenso prestigio, no era un especialista. Más que los órganos le interesaban las personas. Afirmaba que en la consulta el paciente cuenta el cuento de su vida, y hay que saber escuchar y entender ese cuento para poder curar.
Pienso que los textos de Alberto Agrest debieran integrar la bibliografía obligatoria para los estudiantes de Medicina de todo el país. El me hizo llegar los que no había leído y le aseguré que me acompañarían siempre, porque estimulan una reflexión independiente y original sobre cuestiones esenciales como ética médica, bioética, salud pública y la relación entre médicos y pacientes.
Siento su ausencia como una aguda pérdida personal. Desde septiembre del año pasado tuve el privilegio precioso de ser su corresponsal por correo electrónico y de recibir sus mails llenos de gracia y agudeza día a día. Tuvo la generosidad de leer mis libros en profundidad y de devolverme su crítica paternal pero dura y clara como un diamante. Del intercambio de opiniones sobre textos y temas médicos pasamos a la literatura y al cine. Nos cruzamos recomendaciones y coincidimos en Philip Roth y Woody Allen para nuestra lista de favoritos. Aunque estaba enfermo y cansado, tenía energía para lanzar elogios y anatemas sobre autores, directores, películas y libros con furor juvenil. Un día me mandó por sorpresa una pila de libros y un cuento suyo nostálgico, fantasioso y autobiográfico. Me hizo llorar contándome recuerdos de sus seis años cuando comparamos sucesos tristes de nuestra infancia. Un día me escribió que “la combinación de los genes de la obsesividad y los de la paranoia pueden hacer a este mundo exento de alegría. Le confieso que creo que sólo el humor puede desactivar esos genes”.
Me mostró sin reservas su alma alegre y despreocupada que se estaba despidiendo de un mundo un poco absurdo y sin sentido. Saber que su final no mereció ni una mención para el periodismo de su país, le hubiera confirmado que era mejor retirarse por un tiempo.
Me consuela pensar que esperaba con curiosidad la experiencia de la muerte, o que por lo menos no le tenía ningún temor. Eso creí entender cuando en uno de sus últimos mails me dijo: “No logro ponerle unidades temporales al futuro; mientras tanto carpe diem”.

lunes, 2 de enero de 2012

Carta de Néstor a J.P. Feimann

Nuestro compañero Secretario General, recibió un envío muy interesante, que por su contenido, le hemos solicitado para publicarlo en nuestro blog.

Sobre el libro "El Flaco" (de José Pablo Feimann) que vamos a leer.


Dicen que nació sobre la base de este mail del pingüino, que transcribimos integro porque muestra un panorama de conjunto muy importante. Para encuadrar sus dichos y situarnos en tiempo digamos que esta escrito en el año 2006. Al igual que cuando abordamos textos de Perón, tenemos siempre que tener en cuenta que la realidad se mueve y nos empuja a un constante debate y actualización doctrinaria. En sencillo digamos que el presente tiene algunas diferencias.
Recomendamos muy entusiastamente la lectura y sacar apuntes de este trabajo.
Horacio Casco
Walter Valda


"Estimado José Pablo:

Hay veces que me decepcionás y otras que no. Los dos tenemos una historia anterior. Cada uno de nosotros sabe cuál es...

Cuando decís que no hemos resuelto la exclusión social sos injusto y cómodo a la vez.
Hemos bajado casi 30 puntos la pobreza, hemos llevado la indigencia a menos de la mitad, y la desocupación ha bajado entre 12 y 14 puntos. Se redujo considerablemente la mortalidad infantil y la deserción escolar.
Triplicamos la jubilación dando ocho aumentos y, por primera vez después de catorce años, otorgamos una suba general para todos los jubilados. Así achicamos la brecha entre los más ricos y los más pobres.
Aumentó el ingreso per cápita y el salario mínimo, vital y móvil se triplicó luego de diez años de estar estancado en la misma cifra.
Hacía cien años que Argentina no tenía una expansión de su economía como la que está viviendo.

No sé si pensar que tus declaraciones son el producto de una noche de insomnio, o es esa tendencia de algunos que se dibujan intelectuales y se creen superiores, diferentes a los demás y hasta más inteligentes que el común de los mortales. Pero, y disculpame que recurra a una frase peronista, "la única verdad es la realidad".

En tus opiniones también menospreciás la victoria del pueblo de la provincia de Buenos Aires sobre el aparato duhaldista y confundís el voto popular con movimientos de aparatos.

Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores.

También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz.

Dentro del marco de esa realidad que nos toca vivir es que conseguimos una quita histórica de la deuda externa y cancelamos toda nuestra deuda con el Fondo, a pesar de lo cual, seguimos acumulando reservas. Esto, además, nos ha dado un nuevo marco de relacionamiento internacional y de autonomía en las decisiones.

José Pablo, yo no soy Mandrake el Mago. Soy apenas un ser humano que asumió la presidencia de la Nación con el menor porcentaje de votos de la historia argentina, 22 por ciento, y en el momento más difícil de nuestra historia reciente.

Acierto y me equivoco como cualquier ser humano. Vos sos una buena persona. No te voy a quitar méritos. A veces sos un intelectual brillante y otras veces opaco. Pero no olvides que también fuiste un militante político y como tal merecés un análisis más profundo y piadoso, pero siempre con los pies en la tierra.

Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña.

Mi compromiso es el de siempre: gobernar, trabajar y administrar. Creo firmemente en mis convicciones y trato de llevarlas adelante con todas mis fuerzas, en el marco de la realidad que nos toca vivir. Los problemas de los argentinos no se resuelven a vendavales, sino gestionando todos los días.

Por eso creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.

Por último, quiero decirte que no hay nada más lindo que comerse unos fideos con la vieja el domingo y por la tarde gritar un gol de Racing, por lo menos, para este humilde argentino.

Atentamente.
Néstor Kirchner









sábado, 24 de diciembre de 2011

Corren vientos de crisis


El primer suceso de impacto global de 2011 es la gravísima crisis de Europa, que acogota a Irlanda, Grecia, Portugal, España e Italia e inevitablemente golpeará también a Francia y Alemania, víctimas de su propio invento, porque la Unión Europea que crearon, sesgada a su favor y en contra de sus “socios”, también les pasará cuenta de cobro. Sufrirán, además, Estados Unidos, donde esta crisis asomó la cabeza en 2008, China, India y el resto del mundo. Y serán notables las consecuencias políticas de la bancarrota de las ideas del libre comercio en el mundo, incapaces de resolver las profundas contradicciones del capitalismo neoliberal, ni siquiera arrebatándole a cada habitante del planeta, incluidos estadounidenses y europeos, hasta los más elementales derechos. Las movilizaciones de los indignados en tantas partes anuncian las tempestades sociales y políticas que vendrán.
El otro gran suceso mundial son los alzamientos ciudadanos del norte de África, que confirmaron la fuerza transformadora de los pueblos movilizados en pos de cualquier convicción, en este caso la de derrocar dictaduras disfrazadas de democracias, porque cumplían con el ritual de arrear a las urnas, por las “buenas” o las malas, a los electores. Severo golpe a la dominación neocolonial de norteamericanos y europeos, los principales usufructuarios de satrapías como la de Mubarak, imperios que luchan por mantenerse y que juegan sus cartas y ganan partidas como la de liquidar a Gadafi tras la añagaza de defender a los libios. Aunque está por saberse cómo terminarán las cosas en una región de importancia estratégica, seguramente primará la inestabilidad, estimulada por la crisis económica mundial, que es una de sus causas.
Deben de estar comprando por kilos los tranquilizantes en las cancillerías de la potencias, porque lo que se derrumba es el orden erigido por ellas luego de la II Guerra Mundial, la “solución” que le dieron a la depresión que siguió al crac de 1929.
En cuanto a Colombia, es verdad que sigue el crecimiento del PIB, pero también son ciertos otros hechos que les aguan la fiesta a los sensatos. 1. El país es ya el tercero del mundo en desigualdad social, cifra que muestra la inviabilidad del modelo económico. 2. Las buenas cifras no se deben al gobierno. Paja. Se dan a pesar de sus políticas y se explican por los sucesos externos que están en la base de la crisis mundial, lo que implica que esta llegará a Colombia. Con un agravante: los TLC –con Estados Unidos, la Unión Europea, Corea– son carros bombas estacionados en la puerta de la industria y el agro nacionales. 3. Que el Príncipe que mangonea el país logre que sus principales súbditos, del sector público y privado, le alaben sus vestiduras aunque ande desnudo, apenas prueba que estos, con sus cabezas clavadas en sus propios y suculentos platos, o son incapaces de ver que el país va a mil hacia un estrellón o les importa un pepino, porque gozan de poderosos protectores.
Otros hechos de gran importancia en Colombia generan esperanzas de cambio, porque muestran que puede estarse ante el fin de un prolongado letargo y prueban que los propósitos de unidad nacional –no de manguala política nacional, que es otra cosa–, son capaces de alcanzar importantes victorias.
El primero, la gran movilización de las universidades públicas y privadas en contra de la universidad como negocio y en pos de la causa nobilísima de una educación de alta calidad, universal y gratuita, sin la cual un país como Colombia no podrá librarse de las cadenas del atraso y la pobreza. La derrota del proyecto de gran minería trasnacional en el Páramo de Santurbán, triunfo que resultó de unir en Santander a ambientalistas, sindicalistas, polistas y no polistas, la academia, las sociedades civiles y Fenalco.
Tampoco tiene antecedentes la rebelión de los alcaldes, en la que 875 de ellos –casi todos santistas– le pidieron al Congreso que archivara la ley de regalías porque la consideraban retardataria y un engaño del Presidente, exigencia que respaldaron con una marcha por las calles de Bogotá y le plantearon al minhacienda en la cara. Y se constituyó la Coalición No al TLC con Corea, otro hecho muy especial, porque la conforman los empresarios agrupados en Proindustria, las centrales sindicales CUT y CTC y ONG como Recalca, con el respaldo de congresistas del Polo, el liberalismo, la U y los Verdes.


Oficina de Prensa Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, diciembre 23 de 2011




martes, 15 de noviembre de 2011

Arturo Jauretche en el tiempo

El pasado 13 se cumplio otro año del nacimiento de don Arturo Jauretche, aquel que junto con otros pocos patriotas, en la llamada "Década infame", de los años treinta, fundaran FORJA , junto con Homero Manzi y Scalabrini Ortiz. Eran los años de la entrega al capital extranjero, especialmente inglés, (frigoríficos, ferrocarriles, usinas eléctricas,etc.)


Gran luchador por lo nacional, supo defender sus ideas con grandes debates que marcaron época y como era un "tipo calentón" reconocido por el mismo, solía pelearse

con los puños, con revolver o algun cuchillito. Como dice aquella letra de tango,"Eran otros hombres, más hombres los nuestros". Luego, junto con Manzi adhirió al peronismo;

gran militante y polemista, fue diputado nacional, presidente del banco de la provincia de Buenos Aires; posteriormente vuelto el gobierno popular en el 73, lo llamaron a presidir la editorial Eudeba de la UBA





sábado, 15 de octubre de 2011

A 66 años de aquel 17 de octubre del 45


17 de octubre de 1945 
Sin galera y sin bastón
Por Osvaldo Vergara Bertiche
“Sin galera y sin bastón… los muchachos de Perón” era el grito de miles y miles de trabajadores que desde la media mañana del 17 de Octubre de 1945 recorren las calles de Buenos Aires en marcha hacia la Plaza de Mayo y también en muchísimas otras ciudades del interior.

Un acontecimiento novedoso que abriría un ciclo histórico distinto. 

Diría Don Arturo Jauretche: “El 17 de octubre, más que representar la victoria de una clase, es la presencia del nuevo país con su vanguardia más combatiente y que más pronto tomó contacto con la realidad propia”.
Y como contrapartida, Emilio Hardoy, dirigente conservador, manifestaba: “Había dos países en octubre de 1945: el país elegante y simpático con sus intelectuales y su sociedad distinguida sustentada en su clientela “romana” y el país de “la corte de los milagros” que mostró entonces toda su rabia y toda su fuerza. … ¡… Días que sacudieron al país! ¡… Días en que la verdad se desnudó! ¡… Días que cierran una época e inauguran otra!”.
El 17 de Octubre de 1945 no fue una simple manifestación protestataria, fue una Gran Rebelión Popular mediante la masiva participación y movilización de los trabajadores y con verdaderas características insurreccionales.

Es por ello que John Wiliam Cooke señala: “El peronismo fue el más alto nivel de conciencia al que llegó la clase trabajadora argentina”.

El 17 de octubre de 1945 marca el fin de una Argentina y el comienzo de otra. Fue un hecho tan contundente, que aún hoy, y a pesar de las conquistas perdidas, del patrimonio entregado, de las infamias cometidas, ha quedado no sólo como recuerdo y evocación, sino como Bandera para las luchas por la Dignidad Nacional.

Juan Jose Hernández Arregui (1913-1974) enseña que "El proceso de industrialización que venía de la Primera Guerra Mundial y acrecentado rápidamente en el transcurso de la Segunda, había dado origen a un proletariado industrial destinado a una decisiva experiencia histórica en medio del pánico de los partidos directa o indirectamente complicados con el pasado. Esas masas, decepcionadas del socialismo, ajeno a la realidad nacional, del radicalismo en plena descomposición histórica después de la muerte de su gran caudillo Hipólito Yrigoyen, y del comunismo, cuyas consignas nunca entroncaron con demandas populares del país, carecían de compromisos. El 17 de octubre no sólo fue una lección histórica para las fuerzas del antiguo orden sino la gigantesca voluntad política de la clase obrera. Su adhesión a un jefe no se fundó en artes demagógicas sino en las condiciones históricas maduras que rompían con las antiguas relaciones económicas del régimen de la producción agropecuaria, que superaban los programas de los partidos pequeño burgueses de centro izquierda. La revolución política exigía la reforma social. La recuperación de la economía, enajenada al extranjero y la elevación del nivel de vida del hombre argentino explotado, son la doble faz de un mismo fenómeno: la toma de conciencia histórica de las masas.

Agregando para nuestros tiempos que: “Todo el problema político de la Argentina actual se reduce a esta irrupción consciente de los trabajadores en la historia nacional”.
El 17 de Octubre de 1945, el Pueblo argentino junto al entonces Coronel Juan Domingo Perón pusieron en vigencia la fuente ígnea de un sentimiento vital: La Patria
El Pueblo junto a su Líder terminaron con el caos existente y conformaron un nuevo perfil de Nación, de Nación Justa Libre y Soberana como realidad sustantiva y enaltecedora.
La Patria obtuvo su Grandeza y el Pueblo su Bienestar.

sábado, 8 de octubre de 2011

LAS ETIQUETAS DE LA IGNORANCIA

Un artículo del Dr. Jorge Rachid



La incomprensión de los procesos populares latinoamericanos, en especial del peronismo, hace que aquellos pensadores e intelectuales que construyen su pensamiento desde miradas eurocéntricas o sobre los debates económicos sociales del siglo XlX al calor de la Revolución Industrial, tengan poca comprensión e incluso ignorancia en el acontecer de su tiempo. Deviene dicha incomprensión de aquella época en que Carlos Marx caracterizaba al Libertador Simón Bolívar de caudillo salvaje, expresión auténtica de la barbarie. Términos demasiados conocidos desde entonces por los argentinos a través de la historia.

Hoy frente a los procesos políticos que desde el año 2003 se desarrollan en la Argentina, desde el peronismo, primero con Néstor Kirchner y luego con la Presidenta Cristina Fernández, recuperando lo doctrinario y simbólico del peronismo abandonado en el tráfico ideológico de los 90, desde los Derechos Humanos con verdad, memoria y justicia hasta la reparación de los derechos laborales y sociales plenos, con una fuerte impronta de obra pública, ampliación del empleo y empuje a la industrialización, integración del UNASUR, entre otros avances, aquellos sectores que vuelen a creer en el Movimiento Nacional, bienvenido que así sea, comienzan a plantear su visión de traje a su medida, para que los fundamentos epistemológicos que desarrollaron a lo largo de sus vidas, que lejos de adherir a los movimientos populares caracterizaban a estos, en especial al peronismo, como populismo, no se vean afectados.

Como si fuese una mala palabra, el populismo era la denominación peyorativa de lo popular, lo sigue siendo. Era casi una minimización en el mejor de los casos, cuando no una denostación, de sus posibilidades como movimiento de dar respuestas a las demandas políticas y sociales a futuro, ya que no entraba en los análisis del materialismo histórico, ni comprendía el análisis científico de la construcción dialéctica. No entraba en su traje filosófico. De ahí que esta nueva situación en nuestro país comenzó a ser denominada por los nuevos habitantes del universo nacional y popular “ pos peronismo”, “populismo científico”, “kirchnerismo puro” u otras denominaciones, como la caracterización histórica de “izquierdas y derechas” que inunda los análisis mas superficiales.

El ninguneo histórico se asemeja al olvido que durante el desarrollo de la historia oficial se intentó con los pueblos originarios. Casi no existieron, desaparecidos de la historia, como lo son los trabajadores, protagonistas de las páginas heroicas de nuestro país que a la hora de los análisis sobre los procesos de liberación nacional durante las dictaduras o en la construcción de los modelos sociales a futuro, no figuran ni están presentes. Esa concepción que remeda vanguardismos intelectuales montados sobre los acontecimientos de la hora actual del panorama político de nuestro país, no aporta al proceso transformador que vivimos, si no lo hace desde una comprensión plena de las contradicciones lógicas y las necesarias nuevas síntesis que requiere la marcha del movimiento nacional y popular, que integre la totalidad de las fuerzas coaligadas, en un desafío al cual estamos todos convocados.

De ahí que los términos derechas e izquierdas siempre enarbolados, suenen antiguos y descontextualizados en pleno siglo XXl. Como caracterizar sino de izquierdas a sectores que hoy aportan a la acumulación política del gobierno, siendo gobernadores, intendentes, dirigentes diversos, desde concepciones en algunos casos neoliberales y en otros, ultramontanos y clericales. De la misma manera es fácil caracterizar de derechas a la Sociedad Rural, pero hacerlo con el Frente de la Izquierda o el Socialismo requiere un ejercicio pleno de abstracción intelectual. Como en 1945 con el Partido Comunista al lado del embajador de EEUU, o los partidos populares junto a los conservadores, que no percibieron los nuevos tiempos y etiquetaron al “aluvión zoológico” que irrumpió en la historia con agravios y caracterizaciones socialmente racistas.

Las izquierdas europeas de hoy, socialdemócratas, verdadera ala izquierda del neoliberalismo, es la expresión acabada de la claudicación histórica de un pensamiento rendido al posibilismo del poder. Intentaron una pátina progresista con Antony Guidens con la Tercera Vía, bajo el amparo del premier británico laborista Tony Blair, en un congreso internacional, donde al calor de los bombardeos de la ocupación de Irak y Afganistán, de los cuales participaban, pretendieron diferenciarse del neoliberalismo dominante. Sectores del campo nacional de nuestro país participaron y participan aún hoy de esa movida, incluso sectores del peronismo. Antes, en la dictadura sectores del peronismo adhirieron a la Fundación Rockefeler, ariete del Departamento de Estado para América Latina, otros en los 90 quisieron llevar al peronismo sucesivamente a la Democracia Cristiana europea centro del pensamiento conservador y luego al entente Reagan- Tatcher cercano al Thea Parhy de hoy. Un verdadero desatino que extraña la palabra filosa del maestro Jauretche o el Mordisquito de Enrique Santos Discépolo, en un caleidoscopio de zonceras difícil de explicar, excepto para quienes creemos que la historia la construyen los pueblos, los nuevos paradigmas también en la conciencia colectiva que se expresa en cada momento, con la mirada y la filosofía de lo nacional y popular.

Las adhesiones de sectores  ajenos al peronismo, a la marcha del proceso político vigente, tienen por momentos el tinte de la provisionalidad. Esto es casi como condicionar un  proceso político que desde el peronismo ha posibilitado recuperar al estado como ordenador social y a la política como herramienta de construcción del modelo de justicia social, combatiendo enemigos en el mismo cuerpo del movimiento nacional, favoreciendo la dispersión o procurando la fragmentación, en especial en coyunturas electorales, donde el espacio propio, concepción bien neoliberal, impregna el accionar político. Esa adhesión de provisoria pasa a frágil cuando las “papas queman”. Desconocen el peronismo: primero la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres, en realidad los nombres. Quieren un peronismo estéticamente democrático y maduro, mas parecido a Lula que a Chavez, aunque ambos comprendan al peronismo y al país, mejor que aquellos que tiñen de su pintura la realidad, desconociéndola. Escuchaban a Alan Touraine en los 90 y ahora imaginan a Paul Krugman o Stigliz como aliados incondicionales. Siempre en la búsqueda de modelos externos cuando nuestra historia reciente y lejana ofrece múltiples ejemplaridades de defensa de lo nacional.

El gobierno ha sido desde lo simbólico también un recuperador de la estética y el pensamiento peronista, desde la concepción del Bicentenario recuperando historia no oficial hasta los reconocimientos a Perón y Evita, en homenajes, esculturas, representaciones, cuidadosamente evitadas con el neoliberalismo dominante. Los íconos culturales también juegan la historia a futuro como hecho cultural de identidad, por lo cual es necesario salir al ruedo a reafirmar lo doctrinariamente peronista de la etapa, frente al facilismo de los intelectuales que decretan comienzos o finalizaciones de procesos históricos.
Uno aún se pregunta que hubiese sido de la vida de Eva Duarte sin un Perón, o de Ramón Carrillo sin el líder y no deja de preguntarse  como es posible un movimiento nacional como el peronismo con casi 70 años de vigencia desde 1943, sólo explicable por su fortaleza doctrinaria, concepción del mundo, filosofía de vida e identidad nacional, que interpretó cabalmente desde un liderazgo, la memoria colectiva de un pueblo.

El debate está abierto y bienvenido sea, ya que así se construye la memoria, sin exclusiones ni discursos únicos de los propietarios de la verdad. Estamos en un momento dinámico, único de una Latinoamérica enmarcada en la defensa de los intereses comunes de los pueblos, de crisis global del capitalismo financiero, de defensa del patrimonio nacional, saliendo de una crisis terminal y con muchas demandas pendientes, pero ese debate saludado y necesario, no puede poner en juego los desafíos estratégicos de quien conduce, casi  un Perogrullo de manual de Conducción Política. Quien conduce y lidera, hoy Cristina, escucha, promueve, zarandea, provoca, pero su obligación no es pelear, es vencer, por lo cual el sistema de alianzas necesarias, los tiempos de concreción política y el apuntalamiento de la acumulación los decide la conducción.
El Movimiento Nacional es una herramienta de liberación y sus objetivos trascienden generaciones, crean cultura y forjan identidad. Toda otra pelea supone mediocridad o ignorancia, pero nunca será un aporte a la consolidación del peronismo como eje nacional y popular.